jueves, 23 de julio de 2015

Poesía de Desamor

Errante golondrina
Por Vulfrano Domínguez  

Rogando mis caricias y mis besos en migajas, amor abstruso que la vida me arrebata; ninguna dicha encontrarás en tus andanzas, orgullo que corroe tu belleza y mi esperanza.

Demuestras que me quieres cuando estas distante, o dices que me amas cuando tienes hambre; mienten tus palabras y tus actos como siempre, e ignoras el amor que por ti mi alma siente.
Nocturna golondrina con instintos de lechuza, gobiernas en mi vida con tu rostro de hermosura, ultrajas mi cariño con tus actos y castigos, embuste que le vendes a este pobre pajarillo.
Zafiro de mi vida fueron tus profundos ojos, recuerda mi obediencia a los caprichos de tu antojo. Errante golondrina, que te vaya bien con otro y encuentres el suspiro del gorrión que sea más tonto.

Errante golondrina, que la vida te sonría siquiera por la noche mientras llega un nuevo día; temores que mantienes a la par de tus andanzas, encuentros que te brindan la felicidad más falsa.


Amante de mis sueños que castigas mis deseos, mirando mi desdicha, mi pasión y mi desvelo, amante de las noches, rincón de mis ensueños, amor que me abandona y vuelve con el viento.

miércoles, 22 de julio de 2015

Libro de Poesías de Amor, Desamor y Nostalgia


Poesía de Amor

Ojos grandes
Por Vulfrano Domínguez  

Eres rayo de luna que alumbra en mi ocaso, tu belleza infinita diluye mi llanto, y cuando estoy a punto de sentirme triste, tu belleza incita en mí risas y cantos.

Es por ello que te quiero mucho, y es por ello que te amo tanto, porque eres la luz que ilumina mis noches, porque eres la voz que construye mi canto.

Oh, cielo mío de mirada hermosa, con tus ojos grandes dices muchas cosas; me dices “te amo” y me dices “te quiero”, aún si tus labios guardan silencio.

Me miran tus ojos como luna llena, y me pierdo en los campos de tu alma buena, te regalo mi vida a cambio de tu amor eterno, y tu amor eterno es la senda que me lleva al cielo.

Ojos grandes que mi amor conquistan, que destruyen todo cuanto hastía mi vida, que me dan la dicha cuando estoy sombrío, y me dan calor cuando me abraza el frío.



Poesía de Amor

Danza mágica
Por Vulfrano Domínguez  

Envolverme quiero en tu manto hermoso de luna llena, e incitar contigo el oleaje de las altas mareas, entonar contigo el gemir tenue de las aves nocturnas, para que las aves diurnas despierten cantando a la luz de la luna.
Que la orquesta de los pájaros eleve las olas hasta las nubes, y que dancen los peces de plata sonrientes en torno a la luna, que el amor nos guarde como el cántaro a la lluvia, y despertemos juntos en una infinita burbuja.
Que el amor de nosotros se funda en la mágica danza, y la magia de un beso anude las masas de agua; que los pájaros canten sus mágicos versos, y la luna duerma serena al reventar el alba.
Que las flores decoren los campos de otoño, y florezcan también en invierno y verano; que sople la brisa y que canten los pájaros, y tú para siempre me sigas amando.

Quedarme contigo por siempre en la mágica danza, cual abeja a la flor adherido al estambre de tu alma, cual niño a su madre, cual vid a la rama, y hacerte caricias en cada mañana.

poesía nostálgica

Un mirlo me acompaña
Por Vulfrano Domínguez

Al compás del ocaso, un mirlo se posa en mi ventana y, mirándome a los ojos, abre el pico como si quisiese emitir palabras; la tarde fresca me envuelve en el silencio, y mi alma absorta se hunde en la nostalgia.
La tarde es bella, pero el mirlo no canta, tan solo me contempla y, con su rostro absorto, sin quitarme la mirada, se sacude limpiándose las alas, como si quisiese consolarme, como si quisiese emitir palabras.
Tu ausencia me entristece y un mirlo me acompaña, y como no tengo amigos, converso con el mirlo que se posa en mi ventana, pero después de un momento, también el mirlo se marcha, y de nuevo me quedo en soledad, inmerso en mi mundo de nostalgia.
El sol se pone y la noche cae, me invaden los recuerdos y mi espíritu decae, el cielo se nubla y la luna no sale, y mientras el pueblo duerme, yo me ahogo en el recuerdo que me invade.
La noche entristece mi alma, y espero impaciente el sol de la mañana; la aurora me consuela y un ave me canta, y mientras lloro por tu ausencia, al caer la tarde un mirlo me acompaña.