Mi alma reclama
Matutina es mi
alegría, mi melancolía postmeridiana; el ocaso es un descanso pues trae consigo
la calma.
Sin embargo, las
penumbras me horrorizan con silencio, y mi mundo se hace austero al saber que
no te tengo.
Pero en medio de lo
incierto sigo siendo optimista, y aunque sé que es imposible te imagino siendo
mía.
Y entre tantas
fantasías yo te atraigo hasta mi lecho, y después de amarte y darte besos, abrazado
a tu cuerpo sucumbo por el sueño.
Pero luego de la
madrugada, cuando el alba anuncia un nuevo día, me despierto abrazado a mi
almohada, y entonces me doy cuenta de que nunca fuiste ni serás mía.
Pero mi alma es entusiasta,
aunque entusiasta por nada, le brinda estentórea risa a la mañana, y un dulce
cantar mientras se levanta.
Simulo ante la
sociedad ser feliz con chusco semblante, al menos mientras la mañana subsiste,
porque después del mediodía, la realidad es ineludible.
Me encuentro solo,
absorto y triste, e inmerso en un silencio que se hace eterno; mis ojos casi
lloran, pero me contengo.
Y mientras cierro
los ojos y trago mi llanto, mi alma está exhausta al sentirte distante, y luego
reclama el sosiego, el sosiego que tú le robaste.

