miércoles, 22 de julio de 2015

poesía nostálgica

Un mirlo me acompaña
Por Vulfrano Domínguez

Al compás del ocaso, un mirlo se posa en mi ventana y, mirándome a los ojos, abre el pico como si quisiese emitir palabras; la tarde fresca me envuelve en el silencio, y mi alma absorta se hunde en la nostalgia.
La tarde es bella, pero el mirlo no canta, tan solo me contempla y, con su rostro absorto, sin quitarme la mirada, se sacude limpiándose las alas, como si quisiese consolarme, como si quisiese emitir palabras.
Tu ausencia me entristece y un mirlo me acompaña, y como no tengo amigos, converso con el mirlo que se posa en mi ventana, pero después de un momento, también el mirlo se marcha, y de nuevo me quedo en soledad, inmerso en mi mundo de nostalgia.
El sol se pone y la noche cae, me invaden los recuerdos y mi espíritu decae, el cielo se nubla y la luna no sale, y mientras el pueblo duerme, yo me ahogo en el recuerdo que me invade.
La noche entristece mi alma, y espero impaciente el sol de la mañana; la aurora me consuela y un ave me canta, y mientras lloro por tu ausencia, al caer la tarde un mirlo me acompaña.  

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